En 1998, MSF reconoció formalmente la importancia de brindar atención de salud mental como parte de su trabajo de emergencia. Años más tarde, en 2017, el personal de MSF realizó 306,300 consultas individuales de salud mental y 49,800 sesiones grupales en 52 países. El apoyo psicosocial que MSF proporciona a través de estas consultas y grupos se enfoca en ayudar a las personas a desarrollar estrategias de afrontamiento después de haber vivido experiencias traumáticas. El objetivo inmediato es reducir sus síntomas y ayudarlos a ser capaces de llevar una vida normal.
Para las personas atrapadas en su camino, las crisis humanitarias pueden causar un intenso sufrimiento mental. Muchas de las personas asistidas por MSF han sido separadas de sus familias o han sido testigos de la muerte de seres queridos. Otros han pasado gran parte de su tiempo huyendo, buscando refugio y seguridad. Ser forzado a abandonar el hogar es un problema particular para quienes ya sufren trastornos psicológicos, pues pierden el acceso al tratamiento y atención de rutina y esto los puede llevar a desarrollar afecciones más graves.
El sitio de Protección de Civiles de Malakal, en Sudán del Sur, fue diseñado para brindar protección a la población local afectada por la violencia. Sin embargo, las adversas condiciones de vida, la pérdida de la esperanza, los sentimientos de encarcelamiento y las limitadas oportunidades para trabajar han afectado la salud mental de quienes viven en el campo. En 2016, MSF vio un aumento en el número de suicidios e intentos de suicidio en el lugar, incluso entre los niños.
En el campo de Moria, en la isla griega de Lesbos, la política de detener indefinidamente a los solicitantes de asilo ha tenido un grave impacto en la salud mental de las 9,000 personas detenidas allí. La incertidumbre afecta a todos los detenidos, pero especialmente a los niños. Durante una actividad grupal de salud mental para niños (de entre 6 y 18 años) en 2018, un equipo de MSF observó que casi el 25 por ciento de los niños se autolesionaron, intentaron suicidarse o habían pensado en suicidarse. Muchos niños sufren de ataques de pánico y pesadillas constantes. Fátima * describe cómo se vio afectada su hija menor, de 14 años, por las condiciones de vida en Moria: "Ella siempre camina llevando un cuchillo y dice que se hará daño. Ya encontré un cuchillo dos veces debajo de su almohada. Cuando la dejo en sola, ella siempre baja la cabeza y llora ".